Roma – La Nave Isola Tiberina y su ‘Reanimación’

LA REAL ACADEMIA DE ESPAÑA EN ROMA

Elaborando un proyecto como propuesta para presentar a la convocatoria de becas de residencia en la Real Academia de España en Roma para 2019-2020. El proyecto se llamaría La Nave Isola Tiberina y su ‘Reanimación’ y estaría inspirado en las figuras mitológicas y fundacionales de la isla en el corazón de Roma. He escrito una reflexión del proyecto en dos partes: la primera para analizar la historia, las razones e ideas para dicha iniciativa y la segunda explicando los apectos más concretos del proyecto.

 

LA NAVE ISOLA TIBERINA Y SU ‘REANIMACIÓN’

“Los griegos no pedían a la gente que creyera en sus dioses. Los dioses pedían ciertos rituales, o no ser olvidados, eso era lo más importante. No ser olvidados.”   James Hillman – “Lament of the Dead”

El proyecto que presento a esta convocatoria de beca/residencia se centra en la Isola Tiberina, su tradición a lo largo de la historia y su carga mítico-religiosa para la ciudad de Roma, pero también para España.

 

La isla se halla en el curso del río Tíber a su paso por Roma. La tradición romana le da dos posibles orígenes, ambos relacionados con Tarquinio el Soberbio, el último rey: o bien se formó sobre el cuerpo del mismo, que fue arrojado al río por tirano, o bien lo hizo sobre el trigo (dedicado a Marte) que también el mismo rey tiró al río. De cualquier modo, era un lugar de desagradable recuerdo para Roma, por lo que se consideró maldito y solo lo pisaban aquéllos que estaban condenados a morir. Fue ya en la época republicana cuando una peste azotó la ciudad y el senado, tras consultar los oráculos, decidió que se debía erigir en ella un templo a Asclepio, dios de la medicina en el panteón griego. Para ello, se envió una delegación a Epidauro, principal santuario a este dios y situado en el Peloponeso, para solicitar el beneplácito del dios. A la vuelta, desde el barco que remontaba el Tíber, se vio una serpiente que subía a la isla, hecho en el que se vio una clara evidencia de que la isla debía ser dedicada a la medicina y sus deidades. Como la peste remitió tras estos hechos, la isla adquirió a partir de ese momento la fama de ser favorable a la buena salud, dando entonces origen a la tradición de considerar el lugar como un santuario de medicina. El griego Asclepio se convirtió en el romano Esculapio y con la dedicación del templo a éste, la isla se convirtió en su genius loci. Se construyeron alrededor de la isla unos baluartes con travertino que le daban la apariencia de un barco y en su centro se erigió un obelisco (hoy en el Museo Arqueológico de Nápoles) que representaba el mástil de la figurada nave. En la Edad Media el templo fue utilizado como una fortaleza por los Pierleoni, que fueron sucedidos por los Caetani. El palacio Caetani se convirtió en un convento franciscano desde el siglo XVI al XVIII y fue usado como hospital. Actualmente en la isla se encuentra el Hospital Israelí (desde 1900) y el Hospital de San Juan de Dios, de más de 400 años de existencia. La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios fue fundada por el santo portugués en España, concretamente en Granada. Éste es, pues, un nexo entre la isla – a la que los romanos se refieren como la isla de los hospitales o de la medicina- y nuestro país.

 

El santuario de Epidauros, en el Peloponeso, era el mayor centro de salud de la Antigüedad en el Mediterráneo. En él se encontraba el Asclepeión, verdadero hospital y escuela de medicina donde los enfermos aguardaban la visita del dios mediante un mensaje imaginativo manifiesto en un sueño para recuperar la salud. Este sueño tan ansiado era la entrada al rito iniciático que constituía el proceso curativo. Éste se dividía en varias fases pautadas y señaladas por los expertos que acompañaban a los enfermos en su viaje a la curación.

Asclepio era hijo de Apolo y Corónide o, en otras versiones, Arsínoe. Sus atributos simbólicos se representan con una rata, un perro o, mucho más frecuentemente, una serpiente enrollada en un bastón. Según los antiguos, este animal vivía tanto sobre la tierra como bajo ella y así era el vehículo mediador perfecto entre la superficie y lo oculto. Además, su veneno, como todos los venenos, en la justa dosis, deviene remedio. Asclepio tenía el don de la curación y conocía muy bien la vegetación, particularmente las plantas medicinales. Éstas crecen con los nutrientes que capturan del subsuelo, así como con la luz y el agua que obtienen del cielo, del mismo modo que la serpiente alterna los dos mundos y del mismo modo que los humanos necesitan para la salud del sol (Apolo), de la tierra, (Gea) y del agua (Poseidón). Desde su infancia fue educado en las artes curativas por el centauro Quirón. Llegó a alcanzar tal habilidad que podía devolver la vida a los muertos. Zeus, por consejo de Hades, temeroso de que el Averno quedase despoblado, lo mató con un rayo. Asclepio fue después elevado a los cielos y deificado. Todos los miembros de su familia ejercían también funciones curativas: su esposa, Epíone, calmaba el dolor, su hija Higea era el símbolo de la prevención -de donde proviene la palabra higiene-, su hija Panacea lo era del tratamiento perfecto, su hija Egle, era símbolo de la buena salud que proporciona belleza y esplendor al cuerpo, su hijo Telesforo, de la terapia-convalecencia y sus hijos Macaón y Podalirio eran dioses protectores de los cirujanos y los médicos. Podalirio era el patrón de la medicina interna y Macaón, de la cirugía. A éstos se les recuerda como los precursores de la medicina moderna que continuaría Hipócrates de Cos. De hecho, se dice que el mismo Hipócrates descendía de esta familia divina.

 

En Ampurias, en la costa norte catalana, se conservan restos de lo que parece ser también un santuario a Asclepio. Dada su proximidad a mi estudio, lo visito cada año para invocar por mi salud. Fue esta proximidad la que, después de un segundo viaje a Epidauro, me inspiró para empezar a trabajar en una serie a la que considero los prolegómenos del proyecto del que ahora hablo. La serie está compuesta por: un dibujo de Apolo situado en el paisaje delante del macizo del Parnaso, otro de su cabeza y otro de la serpiente Pitón. También forma parte de la serie un grupo de obras de su familia: Epíone, Higea, Panacea, Yaso, Egle y Telesforo. Esta serie se expuso en mayo del 2018 en la sala Amics del Museu de Girona.

Queriendo dar continuidad al proyecto de Asclepio y su familia en Ampurias, he llegado a la elaboración del proyecto que ahora explico. He tenido un interés toda mi vida por la relación entre el arte y la psicología. De ahí mis estudios y trabajos de investigación sobre la psicología arquetípica y el arte terapia. Estas vocaciones me han guiado y lentamente me han iniciado en la pasión por la mitología, especialmente la griega. Al pensar en este proyecto, he descubierto que la Isola Tiberina es también un lugar de curación y salud. El dios griego es fundacional en la isla, pero también me he dado cuenta de que comparte importancia en el lugar con otra figura mítica, San Bartolomé.

 

San Bartolomé fue uno de los apóstoles de Jesús. Aparece en los Hechos de los Apóstoles, en los evangelios sinópticos y Juan también hace alusión a este personaje bajo el nombre de Natanael. Según la tradición, fue a predicar a la India y junto con San Judas Tadeo, predicó en Armenia. Es por eso que los dos son considerados santos patrones de la Iglesia Apostólica Armenia. En el año 983, parte de los restos de San Bartolomé fueron donados por el emperador Otto II y colocados en su iglesia que está en la Isla Tiberina. Al ser depositados en el lugar asociado con anterioridad a la medicina y la curación (se cree que el templo de Asclepio está debajo de éste), el santo queda indefectiblemente relacionado también con todo lo que tiene que ver con sanación.

En cuanto a la imaginería de San Bartolomé, habitualmente se le representa en el momento de su martirio y muerte siendo desollado, bien atado a un árbol o a un potro. También lo encontramos sosteniendo su propia piel.  En las representaciones en las que no se alude directamente a esta situación, el santo sostiene un cuchillo, recordándonos también sus momentos finales. En la Capilla Sixtina, en El juicio final de Miguel Ángel, la piel que tiene San Bartolomé en sus manos refleja una especie de autorretrato, detalle que no se descubrió hasta bien entrado el siglo XIX. En el colgajo de piel se pueden distinguir las facciones del artista. Se dice que Miguel Ángel pintó su cara en la piel arrancada del mártir como signo de que él creía no merecer el Cielo. En la catedral de Milán hay una escultura muy singular y radical de 1562 de Marco d’Agrate que lo muestra desollado y recientemente, en la misma línea, el artista británico Damien Hirst ha realizado en 2006 una escultura parecida.

Fue, sobre todo, durante el siglo XVI (a causa de un particular gusto por la anatomía y las ciencias) cuando la piel desprendida del cuerpo se convirtió en atributo definitivo de San Bartolomé. Como si se tratara de una especie de cirugía violenta y desalmada, el cuchillo se convierte igualmente en el otro atributo singular, estableciendo un cierto paralelismo con la naciente medicina quirúrgica. En la localidad italiana de Avezzano se han hecho estudios arqueológicos en torno a la catedral dedicada a San Bartolomé que en su tiempo precristiano fue un templo a Heracles. Este hallazgo da lugar a otra teoría según la cual el atributo de Heracles, la piel del león de Nemea, enlaza directamente con la piel de San Bartolomé. Las dos iconologías se relacionan con la re-semantización de los símbolos de ambos: Heracles como héroe/fuerza y San Bartolomé como héroe/fuerza y mártir de la fe.

 

Me pregunto si la imagen icónica del doloroso martirio de este santo no fue también una proyección de la fe cristiana del XVI-XVII contra una naciente medicina científica. El cirujano William Harvey publicaba a comienzos del XVII su disertación sobre el corazón y su metabolismo. La circulación de la sangre fue el Zeitgeist de ese siglo. Ya había habido precursores que seguían este debate dinámico sobre el movimiento circular de la sangre como Bruno, Da Vinci y Servet… Me pregunto si la Contrarreforma y la fe viva del catolicismo no reaccionaban a estos descubrimientos con un sentimiento agustiniano de la noción del corazón como vehículo de lo secreto-interno, del sentir interior y de la cámara secreta corporal de la persona. Persona e intimidad fueron el legado filosófico principal del santo de Cartago y el número de imágenes de este doloroso desollamiento reflejan una protesta de una iglesia hacia la objetivación y mecanización del cuerpo. El sentir como individuo nos viene del corazón íntimo y no físico según Agustín y de su mecanismo confesional asociado a la naciente psicología humanista moderna.

William Harvey fue un cirujano inglés que estudió medicina en Padua y luego se trasladó a Londres, donde se graduó. Irónicamente, este médico pionero hizo esas mismas investigaciones sobre el sistema circulatorio en el Hospital de San Bartolomé de Londres en 1604. Luego publicaría su famoso tratado sobre el corazón y el metabolismo circulatorio humano. Los términos Asclepio-medicina-Bartolomé se unen en causas históricas que se pueden relacionar metafóricamente en nuestra isla.

 

Con Harvey nos encontramos en la nueva era científica, con el final del corazón de león, de los reyes y del nexo con el reino animal. Nuestro ser animal se convierte en una leyenda simbólica o en parte de la evolución. Volviendo a nuestro santo, su piel es ofrecida como capa contenedora abierta, vulnerable y reveladora de nuestro interior. Ese interior se convertirá, por una parte, en una maquina funcional y, por otra, en un mecanismo sentimental expresivo. El terreno se abrió a la objetivación filosófica de Descartes, a la mecanización del universo de Newton, a la dominación de la naturaleza de Bacon y a la ciencia evolutiva de Darwin. Hoy podemos visualizar el show del médico alemán que plastifica cadáveres humanos para exhibirlos en muestras escultóricas de masas como performances. La robotización y la inteligencia artificial se acercan.

San Bartolomé es un icono misterioso de una fe que llora de dolor y se trasforma en un mito parecido al de Asclepio, quemado por un rayo de Zeus y devuelto al Hades. Con Asclepio vemos el misterio del veneno homeopático y la dualidad oscuridad/luz de la serpiente ctónica, y con Bartolomé vemos el misterio del dolor revelado por el cuerpo como nexo con del alma secreta del anima mundi. Así podríamos incluir la leyenda del origen del martirio de Bartolomé en la de Heracles y la piel de león, que conecta su figura con la ferocidad heroica animal del anima mundi.

En la actualidad, como hemos indicado más arriba, la isla sigue dedicada a la sanación y la medicina. Los dos hospitales que se encuentran todavía allí, el judío y el de San Juan de Dios, son muy importantes y su historia apoya nuestra tesis del largo devenir de esta isla que míticamente fue consagrada a Esculapio, dios de la vida, la salud y la medicina. La imagen de San Bartolomé es un martirio y un llanto ritualizado, una imagen metafórica de cambio de era, de época. Es un sacrificio de transición hacia la naciente melancolía de la primera modernidad y su dios patrón, Cronos; desemboca en esa corriente barroca del vanitas y en el futuro ethos moderno nihilista y existencialista con su dios patrón Prometeo. Las preocupaciones de Max Weber con el desencanto de la modernidad y su jaula de hierro nos sitúan hoy en una oposición existencial binaria. Esta dicotomía dentro de la narrativa maestra del gran teórico, un tanto agotada entre encanto versus desencanto, ya no se sostiene. Parece que el mismo secularismo cientifista fue engendrado por unos científicos que eran cripto-magos racionales. Para esta paradoja sirve remitirnos a otro pensador. Fue Georges Bataille quien sabiamente lo resumió así en la “L’absence du mythe” – “La ausencia del mito es también un mito: el más frio, el más puro, el único mito verdadero”

“La guerra contra el misterio y la magia fue para la modernidad una guerra de liberación dirigida hacia la declaración de la independencia de la razón… Para ganar esa apuesta, para ganarlas todas y para siempre, el mundo tenía que ser desespiritualizado, inanimado.”   Zygmunt Bauman – “Intimations of Postmodernity”

 

 

APUNTES SOBRE EL PROYECTO

Me interesaría realizar unas tres obras, como mínimo, sobre papel (más si permite el tiempo que me he dado de cuatro meses para este proyecto) dibujando composiciones de figuras, escenas míticas y paisaje de la isla romana. Serían figuras en composiciones de Esculapio, San Bartolomé y de la isla que visualizó Piranesi (plancha 121 de las Vedute di Roma), pero con elementos visuales actuales. Se trataría de crear estas dos figuras principales en dos escenas míticas simbólicamente contrapuestas, reflejando la dualidad las dos religiones que pueblan nuestro imaginario occidental: el monoteísmo cristiano y el politeísmo greco-latino. Como dice James Hillman, ‘hay dos universos imaginativos posibles que habitan en nuestra psique occidental y esos son el monoteísmo y el politeísmo…’. Podría visualizar una escena de composición apaisada con la nave/isla en el centro y dos representaciones verticales de las figuras de estos dos personajes y sus leyendas míticas. Quizás habrá más piezas pequeñas.

Los dibujos serían realizados con grafito (mezclado con carbón y color) sobre papel Fabriano de acuarela 300gr, en dimensiones aproximadas de unos 3 m x 1,4 m para cada una de las figuras, y unos 1,4 m x 5 m para la escena-paisaje. El proyecto puede ampliarse con otras composiciones y figuras… Igualmente, me gustaría acompañar estas obras con todo tipo de documentos fotográficos de la isla, su historia, mapas y sus figuras míticas. Además, sería interesante entrevistar a personas relacionadas con el lugar, quizás médicos, religiosos, y trabajadores de los dos hospitales, de la iglesia… Quiero dejar, por ahora, abierta esta propuesta; me aparecen ideas y preguntas: se podrían usar retratos de gente allí para los rostros de las figuras, etc.

Para este proyecto, se trataría, por lo tanto, de establecer conexiones entre el vehículo icónico cristiano con el otro más antiguo greco-romano y traer a ambos a nuestros días. Y así crear dibujos como representaciones metafóricas de la isla, de su historia y de su mitología.

El objetivo es muy ambicioso y es difícil describirlo ahora con una precisión definitiva antes de comenzar a bocetar, dibujar y componer. La elaboración y explicación del contenido del proyecto todavía está plagada de muchas preguntas que seguro resolveré en el proceso creador.

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